La ligera mano regista francés, siempre a gusto en el repertorio cómico-sentimental, encontró una correspondencia directa con la voz del protagonista, el joven tenor Francesco Demuro, un Nemorino soñador, delicado, etéreo y de óptima dicción, quien a pesar de no poseer una voz de gran peso especifico supo proyectarla correctamente. Se puede decir también que gracias a su timbre cargado de inocencia y pureza, su personaje fue creíble. La soprano georgiana Nino Machaidze, ofreció una Adina mejor definida en la parte escénica que en la vocal. En escena se le vio desenvuelta, y aunque cantó con corrección, su línea musical no fue siempre expresiva.
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